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El ajo: el “sueldo” aromático de los constructores de la Gran Pirámide

El ajo: el “sueldo” aromático de los constructores de la Gran Pirámide

Cuando uno piensa en el pago de los obreros del Antiguo Egipto, probablemente imagine cofres llenos de oro, joyas o quizá algún camello de propina. Pero no: el salario más codiciado en las orillas del Nilo, además de cerveza, pan y cebolla, incluía un ingrediente esencial y bastante oloroso: el ajo. Sí, ese mismo bulbo que hoy provoca debates domésticos sobre su olor, fue en su tiempo un símbolo de energía, protección y buen salario.

El ajo no era solo un condimento; era casi un combustible humano en el Egipto faraónico y formaba parte del sistema económico y laboral que sostuvo una de las mayores hazañas arquitectónicas de la humanidad: la construcción de la Gran Pirámide de Guiza.

El ajo: medicina, amuleto y “moneda”

Los egipcios creían que el ajo tenía poderes casi mágicos. En los papiros médicos, como el Papiro de Ebers (datado hacia el 1550 a. C.), se mencionan recetas que lo incluyen para tratar desde problemas circulatorios hasta parásitos intestinales. No era raro que los trabajadores, sometidos a duras condiciones bajo el sol del desierto, recibieran raciones de ajo como suplemento para mantener la fuerza y prevenir enfermedades.

El historiador griego Heródoto (siglo V a. C.) fue quien nos dejó el testimonio más conocido: en su obra “Historias” (Libro II, 125), menciona que en la Gran Pirámide estaban inscritas las cifras del gasto en rábanos, cebollas y ajos suministrados a los obreros. Según él, el costo era tan alto que se convirtió en un símbolo del esfuerzo y del dinero invertido en el monumento.

Así que, más allá de los mitos de látigos y esclavos, los trabajadores de la pirámide eran alimentados con cuidado, y parte de su “salario” eran alimentos básicos con alto valor nutricional y simbólico. En el fondo, el ajo era la versión egipcia de un suplemento energético… y con sabor potente.

Ajo, sudor y superstición

El ajo también tenía una función simbólica. En el Antiguo Egipto se le atribuían poderes protectores contra el mal de ojo y las enfermedades. Algunos sacerdotes lo colocaban en las tumbas como ofrenda a los dioses y como defensa contra los malos espíritus. De hecho, se han hallado bulbos de ajo en las tumbas de Tutankamón y otras necrópolis, lo que muestra su papel ritual.

Por tanto, el ajo cumplía un doble papel: por un lado, alimento y medicina; por otro, amuleto y protección espiritual. Tal vez los constructores se sentían doblemente asegurados: fuertes para levantar bloques de piedra y protegidos contra la maldición de los faraones.

Conclusión

El ajo fue más que un simple alimento: fue un pilar del sistema económico y simbólico del Egipto faraónico. Si hoy el sueldo se deposita en una cuenta bancaria, hace 4.500 años se pagaba en panes, cebollas, ajos y jarras de cerveza.

Lejos de ser una curiosidad menor, este sistema alimentario revela una sociedad compleja, que comprendía el valor del bienestar físico y espiritual de sus trabajadores. Así que, si algún día te quejas de tu salario, recuerda que los constructores de la Gran Pirámide cobraban en ajo… y probablemente lo agradecían.

Bibliografía:

Heródoto. Historias, Libro II, 125. Ed. Gredos, Madrid, 1992.

Ebers Papyrus (ca. 1550 a. C.). Traducción y edición: Paul Ghalioungui, The Ebers Papyrus: A New English Translation, Academy of Scientific Research, Cairo, 1987.

Lehner, Mark. The Complete Pyramids: Solving the Ancient Mysteries. Thames & Hudson, London, 1997.

Hawass, Zahi & Lehner, Mark. Giza and the Pyramids: The Definitive History. Thames & Hudson, 2017.

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Kemp, Barry J. Ancient Egypt: Anatomy of a Civilization. Routledge, London, 2006.

Samuel, Delwen. “Brewing and Baking.” In Ancient Egyptian Materials and Technology, edited by Paul T. Nicholson and Ian Shaw, Cambridge University Press, 2000.

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